Olav DirkmaatOlav Dirkmaat / 10 de junio del 2018

En defensa de una apertura unilateral de Guatemala

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Uno de los impedimentos al florecimiento económico de Guatemala se reveló de forma repugnante la semana pasada. Tras la erupción devastadora del volcán de Fuego, la aduana paró cuatro camiones con ayuda para los damnificados en la frontera con El Salvador. Según el relato oficial, la Conred y el Minex no activaron los protocolos necesarios. Pero el problema es mucho más fundamental: una de las causas del atraso económico en Guatemala es la terrible ineficiencia y corrupción en las fronteras. Lo que sufrió el bienintencionado padre salvadoreño Edwin Baños es algo que los empresarios tienen que sufrir todos los días. Como consecuencia, no solo paga el consumidor más de lo necesario, sino también impide el crecimiento económico en Guatemala. Ahora es — más que nunca — el momento de abrir las fronteras.

El obstáculo a que Guatemala florezca

Los obstáculos obvios son las tarifas de importación. Los obstáculos menos obvios son los impedimentos no explícitos a la entrada de bienes extranjeros, lo que los economistas llamamos non-tariff barriers, tanto los formales (por ejemplo, las cuotas de importación) como los informales (la corrupción y otras barreras invisibles).

Observen el impacto que tienen estos obstáculos en términos concretos:

Las consecuencias de la ineficiencia y corrupción en las fronteras guatemaltecasHoras necesarias para formalidades en la frontera guatemalteca (Fuente: Banco Mundial)

Ahora bien, estos datos del Banco Mundial ni siquiera reflejan el riesgo real de una importación o exportación. A fin de cuentas, estos datos son meros promedios. El «peor de los casos» en Guatemala es mucho peor que el «peor de los casos» en los Países Bajos, por ejemplo. Y cuando son bienes perecederos, los riesgos en Guatemala aumentan todavía más.

Además recuerde, querido lector, que casi cualquier tipo de equipo es importado y que cada industria, de alguna u otra forma, depende de producción o demanda extranjera. ¿Y luego nos quejamos que la economía guatemalteca no es competitiva? Con estos obstáculos al comercio es bastante difícil ser competitivo, lo cual frena la entrada de nueva inversión y nuevas empresas al país.

No hace falta esperar a los demás países: el argumento a favor de una apertura unilateral

El comercio recíproco es sobrevalorado. Hoy en día, es popular la idea que para que exista comercio entre dos países, ambos países tienen que negociar y firmar un tratado de libre comercio. Ambos países, en este tipo de tratados bilaterales, se ponen de acuerdo de agilizar el comercio y reducir o eliminar tarifas. Tratados como el NAFTA y CAFTA, son multilaterales porque involucran varios países que se ponen de acuerdo a la vez.

Sin embargo, el economista Patrick Minford, de la Universidad de Cardiff, propone una tercera alternativa: eliminar todas las restricciones a las importaciones de forma unilateral, sin esperar a los demás países. Los casos de Singapur, Nueva Zelanda y China demuestran que el libre comercio unilateral es sumamente ventajoso. No necesitamos el consentimiento de otros países para bajar las distorsiones en Guatemala y mejorar la economía local.

El ejemplo más claro es tal vez la protección del azúcar en los EE. UU. La producción doméstica de azúcar está protegida, tanto con cuotas de importación como con tarifas de importación. La consecuencia de este proteccionismo es, sin embargo, una destrucción completa de todas aquellas industrias que usan el azúcar como input (la confitería, por ejemplo). Grandes partes de estas industrias desaparecieron de los EE. UU. y empezaron a ubicarse en países como México.

Es decir, una apertura unilateral hubiera evitado este problema. Pero el otro problema, aún más importante, que también evitaríamos en Guatemala, es la corrupción en la frontera y la ineficiencia de la aduana. Es matar dos pájaros de un tiro.

Menos aduana, menos corrupción, más prosperidad

La corrupción en las fronteras es realmente asombrosa. La lista de “trucos” por parte de la aduana guatemalteca es interminable. La aduana:

  • Reclasifica bienes a su gusto para que caigan en tarifas más altas
  • No reconoce el país de origen verdadero de ciertos bienes para que caiga en tarifas más altas
  • Mantiene contenedores en “inspección” y cobra miles de dólares en cargos por demora
  • Declara falsamente la existencia de bacterias para contratar un tratamiento que suma a un soborno
  • Etcétera, etcétera.

¿Cuál es la solución ante esta corrupción? Exactamente: una apertura unilateral.

La lógica económica es innegable: una reducción en los costos aumentaría la rentabilidad en Guatemala, lo cual invita más inversión extranjera y más inversión en activo fijo. Este aumento en inversión, a su vez, aumentaría el nivel de sueldos de los guatemaltecos. Además, aumentaría el poder de compra del guatemalteco en sí: con precios más bajos, el sueldo vale más. Del mismo modo, la industria guatemalteca se vuelve más competitiva internacionalmente por una igual reducción en costos.

No cabe sorprender que el éxito económico de Inglaterra en el siglo diecinueve fue gracias a su apertura unilateral al comercio. Vale la pena repetir las palabras del famoso político británico Robert Peel:

“Confío en que el gobierno (…) no resumirá la política que a ellos y a nosotros parecía tan inconveniente, quiere decir, el regatear con países extranjeros sobre concesiones recíprocos, pero al contrario escogerá un camino independiente, el cual consideraríamos en nuestro mejor interés. (…) Dejemos, por tanto, que el comercio sea tan libre como nuestras instituciones. Declaremos el comercio libre, y nación tras nación seguirá nuestro ejemplo.”

Una apertura unilateral sería ventajoso tanto para los exportadores como para los importadores. Los únicos “afectados” serían los que no logran competir con empresas extranjeras más eficientes: sin embargo, esto es favorable tanto para el trabajador como para el consumidor chapín. Un aumento en la competencia doméstica tiene el potencial de mejorar las condiciones laborales y los sueldos monetarios.

Abrimos las fronteras, de aquí para siempre. Como mi querido profesor Jesús Huerta de Soto solía citar a Monstequieu: “el «dulce comercio» destruye los «prejuicios destructores», conduce a la paz y pule las costumbres bárbaras”.

Claro, fronteras abiertas no le convienen al statu quo. Deja poco margen para proteger los intereses especiales. Pero una apertura unilateral es a beneficio del hombre común, como demuestra el fracaso con la ayuda externa por la tragedía con el volcán de Fuego en las fronteras guatemaltecas. Dejemos que pase la ayuda del padre Baños, pero también que pase la mercancía de los diferentes empresarios, héroes anónimos.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor. Las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la UFM.

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Olav Dirkmaat

Director de UFM Reform Watch y del Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas (CADEP). Profesor de Economía en la UFM. CIO de Hedgehog Capital. Doctor en Economía por la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.

Olav Dirkmaat

Director de UFM Reform Watch y del Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas (CADEP). Profesor de Economía en la UFM. CIO de Hedgehog Capital. Doctor en Economía por la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.