¿Burbuja bursátil o potencia económica indiscutida?
Cuando observamos la gráfica que compara el desempeño bursátil de China y Estados Unidos desde 2015, lo primero que salta a la vista es la divergencia brutal entre ambos mercados. El MSCI China prácticamente no se ha movido en diez años, atrapado en una meseta interminable. El S&P 500 y el Nasdaq, en cambio, han escalado a niveles difíciles de ignorar. Pero el contraste, lejos de ofrecer respuestas simples, abre preguntas incómodas: ¿refleja Estados Unidos una economía vigorosa y creativa… o un mercado tan exuberante que ya empieza a oler a sobrevaloración? ¿Y el estancamiento chino es señal de debilidad estructural… o simplemente una corrección prolongada tras años de expectativas desmedidas?
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La realidad es más matizada. Por un lado, el desempeño chino sí muestra problemas profundos: incertidumbre regulatoria, intervencionismo político, un sector inmobiliario implosionado y una evidente pérdida de confianza por parte de inversores globales. Todo eso dificulta que el mercado recupere tracción. Pero tampoco sería serio ignorar que China sigue siendo una potencia manufacturera, con capacidad tecnológica creciente y con empresas que, en condiciones institucionales más predecibles, probablemente valdrían mucho más.
Por el otro lado, el rally estadounidense tiene fundamentos reales —innovación, productividad, liderazgo tecnológico—, pero también señales de agotamiento: múltiplos de valoración tensos, concentración extrema (el famoso “Magnificent Seven”), y un mercado que depende cada vez más de expectativas sobre inteligencia artificial que quizá tardarán años en materializarse plenamente. No es absurdo preguntarse si parte de ese crecimiento responde más a liquidez abundante y narrativas optimistas que a un aterrizaje claro en los estados financieros.
La gráfica, por tanto, no cuenta una historia de buenos y malos, sino de modelos diferentes enfrentando sus propios límites. China muestra lo que pasa cuando el poder político invade el mercado hasta estrangular la confianza. Estados Unidos muestra lo que pasa cuando la innovación desata un boom que, como todo boom, corre el riesgo de inflarse más de la cuenta.
La pregunta final no es si uno está “bien” y el otro “mal”, sino otra más incómoda: ¿estamos viendo la prueba de que la libertad económica sostiene el dinamismo… o el preludio de una corrección dolorosa en un mercado que ha corrido demasiado rápido? La respuesta, por ahora, sigue abierta.
AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor. Las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la UFM.
