El trabajo duro no sacará de la pobreza a tu país

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El trabajo es un factor determinante para el éxito personal y el desarrollo social, y hay un mantra socialmente aceptado alrededor del trabajo que lo envuelve en un halo de misticismo. Se dice que el trabajo duro es lo que saca adelante a una persona, y por ende a todo un país, ¿es esto cierto? En el presente artículo se explicará por qué la idea del trabajo duro como único determinante para el desarrollo es incompleta. El trabajo por sí solo no consigue el desarrollo económico anhelado por todos.

¿Trabajo duro?

Al empezar a hablar de trabajo duro, surge la duda de cómo explicarlo. ¿En base a fuerza o inteligencia? Una forma fácil de intentar medirlo es en base a las horas trabajadas por trabajador. La gráfica 1 muestra las horas promedio laboradas por trabajador al año, y la gráfica 2 muestra las horas promedio laboradas por trabajador a la semana en diferentes países de la OCDE.

Gráfica 1

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Fuente: OCDE. Datos correspondientes al año 2017

Gráfica 2

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Fuente: OCDE

A primera vista se puede notar un patrón simple: los países más ricos trabajan menos horas. ¿Tiene sentido entonces creer que las personas que trabajan más horas son las que viven mejor? Los primeros datos parecen indicar que no, pero es una idea que va en contra del sentido común. En casi todas las sociedades y religiones, está bien visto el trabajo duro y el esfuerzo. Pero si eso no determina el desarrollo de un país, ¿qué lo determina entonces?

Cada vez se trabaja menos; una comparación entre generaciones

Las preguntas anteriores requieren una inspección más detallada de los datos. ¿Por qué los países más ricos trabajan “menos duro” que los más pobres? ¿Por qué el esfuerzo de quienes trabajan más no se ve recompensado con una mejor calidad de vida? Para entender estas preguntas falta agregar variables al análisis, y una importante es cómo cambia la cantidad de horas laboradas a lo largo de los años. En la gráfica 3 se puede apreciar la cantidad anual de horas laborales promedio para tres generaciones diferentes, con una distancia aproximada de 20 años por observación.

Gráfica 3

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Fuente: OCDE

Después de los 70’s, hubo una marcada disminución del número de horas dedicadas a trabajar en los países de la OCDE, tendencia más marcada en países europeos. En el caso de Japón, la disminución en 40 años fue de más de una cuarta parte.

Pero el tiempo por sí mismo no explica nada, por eso es importante recordar que en esos 40 años todos los países de la OCDE han crecido económicamente. La relación resultante es entre el desarrollo económico en el tiempo y la disminución en las horas laborales anuales. Esta es la razón por la que los países más pobres trabajan más horas. Se puede apreciar más claro en la gráfica 4 que muestra el desarrollo de las horas laborales anuales a lo largo de 40 años para 3 potencias económicas mundiales. Aunque la disminución es menos marcada en Estados Unidos que en otros países, la tendencia es decreciente a lo largo de los años.

Gráfica 4

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Fuente: OCDE

Analizando datos de horas laborales anuales y cruzándolos contra PIB per cápita se puede ver que la relación riqueza-cantidad de horas trabajadas que estamos apuntando es cierta (gráfica 5). A mayor PIB per cápita, menos horas laboradas por año. La riqueza en las sociedades provoca menor necesidad de trabajo. Pero la pregunta queda todavía abierta, ¿por qué?

Gráfica 5

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Fuente: OCDE y Banco Mundial

¿Trabajo duro o trabajo eficiente?

La respuesta rápida a la pregunta de por qué los trabajadores en economías desarrolladas trabajan menos que en países más pobres es porque la productividad del trabajador promedio en países ricos es mayor. Al tener mayor acceso a tecnología y técnicas que eficienticen su trabajo, se requiere de menos horas laborales para conseguir el mismo resultado, o incluso uno mejor. La gráfica 6 muestra la relación entre la productividad y las horas laborales anuales promedio para el año 2014. La productividad se mide como el PIB por hora trabajada.

Gráfica 6

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Fuente: University of Groningen, Our World in Data, Banco Mundial

Existe una fuerte relación entre productividad y horas trabajadas por trabajador anuales. No se necesita de más trabajo para producir más, sino que para conseguir mayor productividad es necesario un segundo factor; el capital. La productividad del trabajador mejora con tecnología o mejores técnicas de producción. Para tener acceso a ambas es necesario la ayuda del capital, tanto físico como humano.

Trabajo duro, de los abuelos

Para tener el nivel de capital que actualmente tienen los países desarrollados, tuvieron que pasar décadas y siglos de trabajo y ahorro. El trabajo, como anteriormente se mencionó, no trae desarrollo económico automático. Pero el trabajo abre el camino a la formación de capital a través del ahorro. Como se trató en otro artículo de Market Trends, la acumulación de capital es la base del desarrollo económico, y la falta de capital es la trampa de pobreza más conocida en la actualidad. Pero muchos países lograron librarse de las trampas de pobreza en los últimos 200 años en base a trabajo duro y ahorro. Eso implicó generaciones que renunciaron a consumir toda su producción presente y decidieron ahorrarla para tener un mejor futuro. Ese ahorro se invirtió gracias a emprendedores e innovadores disruptivos que crearon valor. Finalmente, ese capital aumentó la productividad de las siguientes generaciones y dio paso a los niveles altos de vida de los países de primer mundo. Por eso los salarios en estos países son más altos que en países subdesarrollados, y por eso se necesita de menos mano de obra en estos países. Como el capital mejora la productividad marginal del trabajo, es decir el aporte marginal de cada trabajador a la cadena productiva, aumenta su salario pues su desempeño es mejor.

El factor cultural del trabajo y el ahorro

Algo a tomar en cuenta al analizar la importancia del trabajo en el desarrollo económico es la cultura. La cultura en economía es un factor vital para entender las dinámicas sociales-económicas. Una cultura dedicada al trabajo y a la exaltación de la persistencia y la perseverancia aumenta las probabilidades de un país de salir del subdesarrollo. Estas características están presentes en la mayor parte de los países del este de Asia. Los denominados “tigres asiáticos” son un buen ejemplo de la cultura del trabajo, ahorro e inversión, lo que ha logrado que estos países hayan experimentado un gran desarrollo económico en 70 años.

Pero en otras culturas que no cuentan con la misma cultura del ahorro, el trabajo no rinde tantos frutos. Latinoamérica sufre de la falta de capital principalmente por sus bajos niveles de ahorro, estando apenas por encima de la media de África subsahariana. La ausencia de una cultura del ahorro en la sociedad latinoamericana es una constante que la ha condenado al rezago económico y subdesarrollo.

Explicaciones de la poca cultura de ahorro en la sociedad latinoamericana hay muchas, pero una proveniente de la economía del comportamiento es la dificultad de las personas para calcular las necesidades futuras. Es poco intuitivo para la persona promedio (y que, además, no tiene la educación adecuada) descontar el valor de su consumo pospuesto en aras de recibir más en el futuro. Y para complicar las cosas, los bajos ingresos con los que cuentan no les permiten ahorrar de manera constante pues sus necesidades más básicas son apenas suplidas por sus ingresos. Es por eso que las inversiones extranjeras son tan importantes para los países en vías de desarrollo, pues la necesidad de capital puede ser suplida sin necesidad de restringir el consumo y el nivel de vida actual. Es una lástima que ciertos grupos no logren entender esta lógica y, por sus acciones, mantengan a millones de personas en la pobreza.

Conclusión

En conclusión, el trabajo duro es importante, pero debe ir acompañado de la formación de capital que mejore la productividad del trabajador y genere así mejores rendimientos con un esfuerzo cada vez menor. El capital, tanto físico como intelectual, permite que los trabajadores tengan un mejor nivel de vida, ya sea con ingresos más altos o con la necesidad de laborar menos horas. Es por esto que el ahorro y la inversión son los factores más importantes en el desarrollo de las economías. Creer que el mero trabajo logrará sacar adelante a un país es ignorar las premisas básicas de la economía, y peor aún, seguir condenando a millones a vivir en la pobreza.

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Jorge Eduardo García

Jorge Eduardo García

Jorge Eduardo García actualmente cursa el cuarto año de la carrera licenciatura en Economía con especialización en finanzas en la Universidad Francisco Marroquín. Ha participado en seminarios internacionales de la Foundation for Economic Education. Es research intern del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES) y también ha colaborado en experimentos con el Centro de Economía Experimental Vernon Smith de la UFM.

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2 Comentarios

  1. jorge loma el 21 agosto, 2018 a las 12:54 pm

    Mas que tiempo y fuerza, el enfoque debería encaminarse al potencial humano (hábitos, actitudes, creencias y expectativas), porque allí radica el resultado de cualquier empeño.

  2. Pedro el 24 agosto, 2018 a las 9:09 am

    Su conclusión es correcta pero sesgada o incompleta. Contextualizó su análisis a un par de cientos de años, en ese sentido no puede afirmar que otras economías derivado de su cultura de ahorro tienen hoy mejores productividad que la latinoamericana porque esta última no cultivó el ahorro. Y esto es porque el ahorro de esas desarrolladas economías se basó en un buen porcentaje en el saqueo de latinoamérica, lo cual se puede comprobar en el caso de USA quien no permitió ese saqueo y utilizó internamente la riqueza de sus recursos al no permitir a su colono el aprovechamiento de esos recursos. Con ese matiz, efectivamente nuestra situación es de pobreza y baja productividad. Y cómo es esto posible si exportamos migrantes que retornan recursos (equivalentes a ahorro) y no los invertimos?, mas bien los destinamos a consumo. Otros guatemaltecos trabajamos años de años y logramos ahorrar algún pistío, porqué no lo invertimos?. Ahí está la causa de nuestro estancamiento. Sólo hágase el favor de ponerle nombre.

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