¿Debería prohibirse a los pobres tener muchos hijos?

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Es común escuchar que los pobres tienen demasiados hijos, y que eso mismo los hace pobres. También es común la sugerencia de que se debería limitar la cantidad de hijos que deberían tener, dependiendo su capacidad de mantenerlos. Mi intención es cuestionar esto, pero dejando de lado el aspecto moral de forzar el control demográfico. Es fácil caer en la argumentación de lo “debido o indebido” en este tema, por la coacción que implica este tipo de políticas, pero no debemos desviarnos del carácter científico de estos temas. La intención de este artículo es analizar los datos en conjunto con teoría económica para entender de mejor manera la pregunta principal: ¿es necesario forzar a los pobres a tener menos hijos para mejorar el nivel de vida de la población? o, por el contrario, ¿es contraproducente este tipo de ideas?

¿Cómo está la tasa de fertilidad actual?

Quisiera empezar por dos gráficas. Una nos presenta la tasa de fertilidad en Guatemala y la otra nos presenta la misma tasa a nivel mundial durante los últimos 50 años. Evidentemente, la cantidad de niños que nacen por mujer actualmente es la mitad de los que nacían hace 5 décadas. Los últimos 50 años han visto un cambio drástico en la cantidad de hijos por mujer, la pregunta resultante es por qué.

Gráfica 1screen-shot-2018-03-18-at-8-42-40-pmFuente: Banco Mundial

Gráfica 2screen-shot-2018-03-18-at-8-42-54-pmFuente: Banco Mundial

Si cada vez las mujeres tienen menos hijos, ¿por qué está tan generalizada la idea de que los pobres tienen demasiados hijos?

Nuestra mente nos engaña

Una primera aproximación a este fenómeno se origina en el funcionamiento de nuestro cerebro. El cerebro humano cae en “sesgos cognitivos” que son un tipo de errores lógicos que nuestro cerebro comete para ahorrarse trabajo. La gente cree que los pobres tienen demasiados hijos porque caen en el “sesgo de anclaje”. Este sesgo conductual describe la tendencia de las personas a confiar demasiado en la primera pieza de información ofrecida al tomar decisiones. Esto va de la mano con el denominado “sesgo de asociación visual”, que nos hace asociar determinadas experiencias con ciertas propiedades de su entorno. Es fácil recordar ejemplos de familias pobres y numerosas, y crear juicios a partir de esta información. También es fácil recordar información que leímos o escuchamos sobre familias pobres numerosas, y asociamos la pobreza a la gran cantidad de hijos. La realidad no es exactamente esa: el promedio de número de hijos por familia es cada vez menor. Por tanto, la primera impresión que tenemos es sesgada y no es certera.

Dejando de lado nuestra pobre capacidad de entender el problema con las primeras impresiones, es importante pasar de “nuestra percepción” de la alta tasa de fertilidad al verdadero análisis. Para empezar, las personas que suelen emitir opiniones sobre la cantidad de hijos de los más pobres, normalmente están en estratos económicos superiores. Y en cada estrato económico los fenómenos y problemas se dan y se entienden de diferente manera.

¿Quién entiende a los pobres?

Es normal que la forma en que se miran mutuamente personas que pertenecen a diferentes estratos sociales sea distorsionada y produzca prejuicios. Esos prejuicios no permiten entender a las personas de otros estratos económicos. Cada persona tiene necesidades, acorde a la capacidad de satisfacer sus necesidades (pensando en términos de la pirámide de necesidades de Maslow. Por eso es difícil para algunas personas entender la razón según la cual los pobres tienen muchos hijos. Incluso llegan a pensar que los pobres son tontos, irracionales o ignorantes al tener hijos porque no tienen el dinero para darles una buena vida.

Es difícil sostener la conclusión de que todas las personas de escasos recursos son tontos, irracionales o ignorantes, por lo que tiene que haber otra explicación. Deben entenderse los motivos por los que una persona de escasos recursos tiene más hijos de los que podría sostener económicamente.

¿Qué rol juegan los hijos? Depende del nivel socioeconómico

Para empezar, los hijos cumplen un rol social dependiendo del nivel socioeconómico de la familia.

En las familias, los hijos son objeto de procreación y satisfacción personal. Los padres (de cualquier nivel económico) aman, en lo general, a sus hijos y desean para ellos lo mejor. Pero lo que cambia entre diferentes niveles socioeconómicos es la capacidad de satisfacer todas las necesidades de los hijos y el bienestar de la familia en general.

Las familias de estrato medio y alto pueden satisfacer las necesidades y deseos de sus hijos de manera óptima, dando incluso más de lo que realmente necesitan. Y lo hacen porque los padres cuentan con los medios y recursos para hacerlo. Lo contrario ocurre con las familias pobres: no tienen los medios y recursos para satisfacer las necesidades de sus hijos y dar sustentabilidad y bienestar estable a la familia. Este último punto es clave, pues en esta pequeña comunidad se valora más el bienestar general que el individual, y esto hace que la familia se vea obligada a poner a trabajar a los hijos para generar más ingresos para todos los miembros.

Dado que los hijos menores de 18 años no tienen un costo de oportunidad palpable, es decir que no renuncian a ninguna otra actividad visible al estar trabajando (renunciar a los estudios no muestra un costo en el corto plazo) y toman un rol de trabajador que aporta a la familia según su capacidad. Los más pequeños pueden ayudar en tareas que no requieren esfuerzo físico o mental como pastoreo, agricultura de subsistencia o hasta pedir limosna. Conforme van creciendo y sus capacidades físicas se van desarrollando, pueden apoyar en los trabajos de los padres como la agricultura de jornaleros, albañilería o hasta trabajar por cuenta propia en negocios informales.

Queda claro entonces que las familias pobres ven a los hijos como un tipo de capital humano. Dado que no pueden generar capital monetario, ni cuentan con medios de producción como tierras, ni tienen acceso a la propiedad de estos medios (por su incapacidad de un ahorro significativo), la única manera de aumentar sus ingresos es con trabajo. Y a más hijos, más ingresos para la familia. Esto es algo que se olvida en la mayoría de análisis pues en una posición económica superior los hijos no aportan a los ingresos familiares.

Si un niño muere, hay que reemplazarlo

Un factor que era importante en épocas antiguas era la tasa de mortalidad infantil. Las familias tenían más hijos porque la probabilidad de supervivencia de cada niño era relativamente baja, y entre más hijos tenían, más aumentaba la probabilidad de que algún hijo sobreviviera más allá de la niñez. Junto al argumento anterior de los hijos como capital humano, se puede entender este argumento al analizar la relación entre la tasa de fertilidad y la tasa de mortalidad infantil. Como se puede apreciar en la siguiente gráfica, existe una relación entre estas dos tasas: a menor tasa de mortalidad, menor tasa de fertilidad y viceversa. Si la probabilidad de que los niños mueran es baja, es necesario tener menos hijos para que la misma cantidad llegue a la adultez.

Gráfica 3screen-shot-2018-03-18-at-8-47-27-pmFuente: Banco Mundial. Datos para Guatemala.

“Hijo, cuando sea viejo me vas a mantener”

La necesidad de que una cantidad determinada de hijos lleguen a edades adultas se debe, en parte, a la necesidad de los padres de ser asistidos económicamente en su vejez.

Dado que las personas pobres no cuentan con pensiones de jubilación, ni asistencia social por parte del Estado de Guatemala, solo reciben ingresos de su trabajo o del aporte de sus hijos.

Como es difícil que los hijos salgan de la pobreza, por sus condiciones iniciales y la escasa movilidad social, no cuentan con demasiados recursos para mantener a sus padres y sus respectivas familias, por lo que tener una cantidad de hijos mayor aumenta el ingreso de los padres, tomando una pequeña parte del ingreso de cada hijo.

La riqueza de las familias, como hemos visto, juega un papel clave en la cantidad de hijos que una familia tiene.

Las mujeres necesitan oportunidades, no anticonceptivos

Las mujeres son quienes dan a luz a los hijos, y en la mayoría de los casos quienes los crían. El género femenino ha desarrollado históricamente este rol desde las épocas de las cavernas cuando el hombre salía a cazar y la mujer se quedaba en la cueva cuidando a los hijos o recolectando bayas. La razón de esta división del trabajo se debe a la capacidad que cada uno tenía mejor desarrollada. El hombre, al ser físicamente más fuerte, era el encargado del trabajo físico y la mujer, al ser biológicamente la portadora por 9 meses de los hijos, debía mantener una vida tranquila. Así se inició el desarrollo del género femenino.

Por eso en las sociedades más tradicionalistas, la mujer sigue encargándose del cuidado de los hijos en casa. Pero la figura de feminidad ha venido cambiando, conforme cambian otros aspectos de la cultura. Por ejemplo, el derecho al voto permitió el acceso de la mujer a la política y a la incidencia que puede tener en el Estado. Otro cambio importante se vio claramente en la segunda guerra mundial. Cuando los países debieron enviar a sus hombres a la guerra, los trabajos que anteriormente desempeñaban fueron ejecutados por las mujeres. Así, ellas pudieron acceder a trabajos que tradicionalmente no desempeñaban y demostraron su capacidad de realizarlos.

Más educación, ¿menos hijos?

La capacidad de la mujer de desarrollar una carrera profesional es clave en la disminución de la tasa de fertilidad. La razón de ello es económica: su costo de oportunidad aumenta conforme aumenta la preparación profesional. El costo de oportunidad es lo que uno sacrifica para poder tener algo más, y en el caso de la mujer profesional, la disyuntiva está entre dedicarse de lleno a una vida profesional o dedicar unos años a la crianza de los hijos. Los datos respaldan esta idea, como muestra la gráfica 4.

Gráfica 4screen-shot-2018-03-18-at-8-47-36-pmFuente: INE

A mayor grado de escolaridad, menor cantidad de hijos se tiene. De hecho, se reportan casos que estadísticamente son insignificantes, pero interesantes de análisis como que en 2016 44 mujeres tuvieron más de 15 hijos (su hijo 15, 16 ó 17). Estos son extremos preocupantes, pero afortunadamente se ven cada vez menos.

La verdadera relación entre cantidad de hijos y riqueza

Tener hijos implica, entonces, un sacrificio en tiempo para la madre. Por tanto, a medida que el tiempo de las madres se hace más valioso, es decir a medida que el ingreso de la madre aumenta, el costo de tener un hijo marginal aumenta. Este aumento en el costo de oportunidad puede ocurrir por preparación profesional o por aumento en los ingresos por persona. De hecho, existe una relación interesante entre la disminución de la tasa de fertilidad y el aumento en el PIB per cápita de un país, como muestra la gráfica 5.

Gráfica 5screen-shot-2018-03-18-at-8-48-02-pmFuente: Banco Mundial

A mayor PIB per cápita, menor tasa de fertilidad. Al aumentar el ingreso de cada mujer, aumenta el costo de oportunidad por cada hijo. La relación se ve aún más clara analizando el ingreso promedio salarial femenino con la tasa de fertilidad, como se ve en la gráfica 6.

Gráfica 6screen-shot-2018-03-18-at-8-48-44-pmFuente: INE

Los datos de esta última gráfica son desde 2010, pero igualmente sirve para confirmar la tesis que muestra la gráfica 5: que mayores ingresos repercuten en menor cantidad de hijos.

Objeción…

Una objeción podría ser que la relación PIB per cápita (o ingresos promedio salariales) y la tasa de fertilidad es significativa porque un menor crecimiento de la población da como resultado un mayor PIB per cápita por simple aritmética (menor denominador da un mayor cociente). Pero la lógica detrás de este argumento se queda corta.

Pensar que una persona decidirá tener menos hijos para tener un mejor nivel de vida, implica suponer que esa persona tiene los medios para lograr ese mejor nivel de vida. Como se explicó anteriormente, las personas de estrato económico bajo necesitan de sus hijos para conseguir ese mejor nivel de vida relativo. Por tanto, la lógica de renunciar a un hijo para tener más ingresos aplica para quienes su tiempo tiene un verdadero costo de oportunidad significativo, es decir, para estratos económicos medio y alto. Además, el razonamiento aritmético se notaría con un desfase de tiempo significativo porque una persona no aumenta sus ingresos inmediatamente por no tener un hijo. En cambio, si los ingresos presentes son lo suficientemente altos, se renuncia a un ingreso en el corto plazo al tener un hijo.

No es solo cuestión de regalar condones

Por último, quisiera explicar el problema que puede haber con los programas que buscan reducir a toda costa la tasa de fertilidad. El efecto económico principal es claro: en las familias más pobres el control de la fertilidad implica menos hijos, menos mano de obra y menores ingresos familiares. Ahora, las personas somos más que seres económicos. Un problema que suele ignorarse en estos programas es el efecto social de esta intervención en la cultura. En sociedades altamente religiosas como la guatemalteca, es disruptiva la política que viene a enseñar a las personas que deben tener menos hijos. Las personas tienen un conjunto de creencias y normas informales en la sociedad que les permiten ser aceptados por su comunidad. En comunidades donde los hijos son vistos como bendición divina, o como símbolo de estatus y fertilidad, una intervención directa en la capacidad de procreación afecta directamente la reputación de la familia y su estatus en esa sociedad. ¿Es una visión precaria del desarrollo humano? Tal vez, pero es un hecho que se afecta la relación de esas personas con su comunidad. Por eso algunos hombres reaccionan de manera machista cuando se enteran de que un programa de planificación familiar llega a sus comunidades: porque ellos son quienes normalmente ostentan el poder de decisión en ese tipo de asuntos y ven su liderazgo en peligro. Insisto en que no son deseables este tipo de sociedades machistas donde se ven reducidos los derechos de las mujeres, pero un cambio a nivel cultural es algo que se trabaja con tiempo y no se puede cambiar de la noche a la mañana. En cambio, requiere menos tiempo lograr un cambio económico porque solo requiere las condiciones institucionales adecuadas. Y el cambio económico puede dar paso al cambio cultural.

Una aclaración final importante es que no estoy sugiriendo que está bien tener un número alto de hijos por mujer. Lo que estoy explicando es que el desarrollo económico es beneficioso para reducir el crecimiento poblacional.

Conclusión: dejen que la economía reduzca el crecimiento poblacional

En conclusión, respondiendo la pregunta inicial: ¿es necesario forzar a los pobres a tener menos hijos para mejorar el nivel de vida de la población? Mi respuesta es no. Al contrario, económicamente es ineficiente tratar de reducir la población por medio de políticas que limiten la cantidad de hijos, porque se limita el acceso a capital humano de las familias pobres y con ello se limita sus ingresos familiares. Por eso, aunque la conclusión suene extraña, es mejor idea propiciar un ambiente de crecimiento económico que, de manera indirecta, influya en la toma de decisiones de las familias en relación a la cantidad de hijos que tendrán. Esto ha sucedido en todos los países ricos, que al alcanzar altos niveles de riqueza ven reducida su tasa de fertilidad. Al tener oportunidades, principalmente las mujeres, el costo de oportunidad de un hijo adicional aumentará y eso se vería expresado en menos hijos por mujer. Por extraño que parezca, parece ser que el desarrollo económico es el mejor método anticonceptivo.

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Jorge Eduardo García

Jorge Eduardo García

Jorge Eduardo García actualmente cursa el cuarto año de la carrera licenciatura en Economía con especialización en finanzas en la Universidad Francisco Marroquín. Ha participado en seminarios internacionales de la Foundation for Economic Education. Es research intern del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES) y también ha colaborado en experimentos con el Centro de Economía Experimental Vernon Smith de la UFM.

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4 Comentarios

  1. Ika Castro el 19 marzo, 2018 a las 10:53 am

    Muy buen artículo. Que buena forma de darle la vuelta y dejarnos ver el otro lado, la fenomenología. Todo esto lo predijo sin estadísticas el Papa Pablo VI en su encíclica humanae vitae en 1968. Saludos.

  2. Pedro Ramirez el 23 marzo, 2018 a las 2:32 pm

    Wow, pues es primera vez que concuerdo con un artículo de UFMTrends. Muy buen planteamiento.

  3. Beatriz el 11 julio, 2018 a las 7:42 am

    Segunda vez que leo el artículo y decidí dejar un comentario porque me parece excelente!

  4. samantha el 12 septiembre, 2018 a las 11:03 am

    Excelente.. solo me gustaría preguntar si de alguna manera es valido que los padres usen a sus hijos como capital humano, entonces donde están los derechos del niño.

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