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Capital vs trabajo: el gran desacople

En este artículo vamos a explorar el concepto de Gran Desacoplamiento. El Gran desacoplamiento se refiere a la separación entre el incremento de la productividad laboral y el incremento del pago a los trabajadores. Antes de 1970 los incrementos de productividad laboral se traducían, tal y como la teoría económica nos dicta, en incremento en los salarios. Sin embargo, parece que desde la década de los 70s, los salarios apenas crecen o lo hacen en mucha menor cuantía que la productividad. ¿Qué hay detrás de éste gran desacoplamiento?

El gran desacoplamiento: salarios que no crecen lo que deberían

Empecemos ilustrando el gran desacoplamiento. En esta gráfica, elaborada por el Economic Policy Institute, y publicado por el Foro Económico Mundial vemos que el crecimiento de salarios va de la mano del crecimiento de la productividad hasta 1970. Desde esa fecha, los salarios quedan prácticamente estancados mientras la productividad sigue creciendo. Se puede encontrar gráficas similares a esta en muchos artículos.

La teoría económica ortodoxa nos dice que el salario de un trabajador se determina por su productividad marginal. En términos agregados hay algunas otras cuestiones a tener en cuenta, sin embargo, el principio básico subsiste, aunque sea matizado por algunos factores. La economía, por tanto, nos dice que incrementos de productividad se deberían trasladar a crecimiento de salarios.

Explicaciones del gran desacoplamiento

¿Por qué desde la década de los 70s se produce el desacoplamiento entre salarios y productividad? Hay múltiples intentos de explicar el problema: los más críticos del sistema de mercado exponen factores como la caída de los sindicatos. Se supone que los trabajadores habrían perdido capacidad de negociación, por lo que los incrementos de productividad serían apropiados, de forma casi íntegra, por los empresarios. Los trabajadores, en claro contraste, apenas habrían conseguido apropiarse de una parte ínfima del incremento de productividad. Más adelante veremos que esta tesis no se sostiene.

Otra explicación esgrimida por los enemigos del capitalismo es que los años 80s fueron los años del triunfo del supply side economics, y que la desregulación y la vuelta a un capitalismo menos humano hizo que los grandes beneficiados de estas prácticas fueran las grandes empresas. Esta tesis tampoco se sostiene a la vista de los datos disponibles.

Los más favorables al libre mercado establecen el final del patrón oro en 1971 como la causa del desacoplamiento entre productividad y salarios. La ausencia de un activo monetario externo al sistema financiero habría provocado constantes intervenciones monetarias para salvar empresas, generando un mercado más centrado en conseguir favores políticos que en conseguir el favor de los consumidores. Aunque esta tesis tiene probablemente algo de cierto, en lo que tiene que ver con el desacoplamiento de salarios y productividad, es también errada.

Entonces, ¿qué genera el gran desacoplamiento?

Bueno, y entonces, ¿qué genera el gran desacoplamiento?

En 2007 el economista Martin Feldstein presentó un trabajo donde explicaba de forma magistral la causa del desacoplamiento. Feldstein propone que la respuesta al aparente conundrum económico es mucho más sencilla de lo que muchos suponen. Se basa simplemente en dos errores de cálculo.

Primer error: Salario vs compensación

El primero error es centrarse en salarios y no en la compensación total recibida por los trabajadores. Es cierto que los salarios están casi estancados en términos reales (es decir, descontada la inflación), sin embargo, en las últimas décadas, ha crecido de forma muy fuerte las compensaciones no salariales como aportaciones a fondos de pensiones, aportaciones a seguros médicos privados o aportaciones a la seguridad social.

En la gráfica, podemos ver como los salarios se desvinculan casi completamente del crecimiento de la compensación laboral a inicios de los años 70s, justo cuando se supone que inicia el gran desacople que estamos explicando. Entre 1964 y 2021 los salarios apenas crecen un 17% en términos reales mientras que la compensación laboral más que se duplica. En otras palabras, los trabajadores norteamericanos están cobrando más en especie aunque sus salarios estén estancados.

Segundo error: Mala forma de deflactar

El otro gran motivo que apunta Felstein es algo más técnico[1]. Utilizar el índice de precios al consumo para deflactar el salario (es decir para eliminar el efecto de la inflación) es algo muy útil en algunas situaciones, por ejemplo, si queremos saber como evoluciona el nivel de vida de los trabajadores. Sin embargo, a la hora de analizar la evolución de la productividad y los salarios es un grave error utilizar el índice de precios al consumo para eliminar el efecto de la inflación.

A las empresas se les paga por lo producido y a los trabajadores se les paga por producir, no por consumir. Por tanto, para analizar el cambio real en la producción y la productividad, no se utiliza el índice de precios al consumo, se utiliza el deflactor del PIB, que idealmente incluye todos los bienes producidos en una economía. Por tanto, los índices de producción como el PIB y también los de productividad son deflactados por un índice de precios muy amplio que incluye todos los bienes producidos, no sólo los bienes consumidos. Por su parte, los salarios se trasforman a términos reales con el índice de precios al consumo, que es un índice mucho más estrecho, y que incluye sólo bienes de consumo. Para que la comparación entre productividad y pago a los trabajadores sea una comparación justa, necesitaríamos que ambas medidas se transformaran a valor real con el mismo índice de precios, y ahora mismo esto no se hace así: la productividad utiliza el deflactor del PIB mientras que los salarios utilizan el índice de precios al consumo. Es decir, no estamos comparando peras con peras y manzanas con manzanas.

La diferencia a largo plazo entre el IPC y el deflactor del PIB es enorme como podéis ver en el gráfico. Además, la diferencia se empieza a magnificar justo en los años 70s, que una vez más, es cuando se supone que ocurre el gran desacople entre productividad y pago a trabajadores. Los precios al consumo, medidos por el índice de precios al consumidor, se han multiplicado por más de 10 desde 1947 a 2021. Por su parte, los precios generales en la economía norteamericana, medidos por el deflactor del PIB se han multiplicado por 6.4 entre 1947 y 2020. La diferencia es, por tanto, mayúscula.

Como es lógico habrá enormes diferencias entre utilizar una y otra variable a la hora de conseguir las variables reales. La medición del pago a trabajadores se hace mediante el IPC, sin embargo, y como decimos, a los trabajadores se les paga por producir, no por consumir, por tanto, para analizar si el pago a los trabajadores se ajusta a su productividad, necesitaríamos usar el deflactor del PIB.

Calculando compensación laboral real mediante el deflactor del PIB

Si utilizamos el deflactor del PIB para ajustar la compensación real a los trabajadores, vemos como la situación cambia drásticamente.

Cuando se utiliza exactamente la misma forma de transformar a valor real las variables, la productividad real crece a casi la misma tasa que la compensación real. Desde 1947 a 2020 la productividad se multiplica por 4.7 mientras que la compensación a trabajadores se multiplica por 4.6.

Por tanto, ni la desmonetización del oro a inicio de los años 70s, ni la caída en desgracia del sindicalismo norteamericano, ni tampoco la desregulación y liberalización de la economía en los años 80s provocaron el gran desacoplamiento entre salarios y pago a trabajadores. De hecho, nada ha provocado éste gran desacoplamiento, simplemente no existe.

¿Y si utilizamos variables nominales?

Quizá todo el jaleo con transformación entre variables nominales y reales nos ha mareado. ¿Qué tal si hacemos otro ejercicio mucho más sencillo? Vamos a utilizar exclusivamente variables nominales: es decir, no se hará ninguna transformación a las variables. Veamos entonces que ocurre con el supuesto gran desacoplamiento entre productividad y pago a trabajadores.

El pago a trabajadores y el aumento de la productividad van completamente de la mano, coinciden tanto que he tenido que poner líneas punteadas en el gráfico para ver si se apreciaban las diferencias. A inicios de la década de los 2000s sí se produce un ligero desacople que actualmente está cerca de volver a cerrarse. Sin embargo, nada que merezca ni mucho menos el rimbombante nombre de Gran Desacople.

Conclusión: el gran desacople es un cuento chino, en realidad no existe

En definitiva, los economistas han saltado demasiado rápido a tomar conclusiones sobre datos claramente erróneos. El pago a los trabajadores nunca se desacopló de manera agresiva de los incrementos de productividad. De hecho, apenas se ha desacoplado desde 1947.

Los más avezados enemigos del capitalismo van a tener que buscar otra narrativa, ya que la narrativa del gran desacople y del creciente poder del capital sobre el trabajo carece por completo de evidencia empírica y por supuesto también de respaldo teórico. La narrativa más pro-mercado en la que se vincula el desacople debido al abandono del patrón oro tiene mejor base teórica y quizá está provocando distorsiones patentes en los mercados de capitales, sin embargo, en este caso concreto (mercado laboral), no se puede observar un impacto.

Aviso legal: el análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.

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[1] . Sólo tenemos que recordar que los economistas siempre hablamos de variables en términos nominales y variables en términos reales. Cualquier variable monetaria tiene el problema de que los precios están constantemente cambiando, por desgracia casi siempre hacia arriba. Si el año pasado cobrabas 10 dólares la hora y este año cobras 11 dólares la hora, diríamos que tu salario ha incrementado en términos nominales un 10%, pero si los precios han subido un 10%, en realidad tu poder de compra no ha incrementado en absoluto. Por tanto, en este caso, diríamos que el salario nominal ha crecido un 10% mientras que el salario real se ha mantenido constante. Eso quiere decir hablar en términos reales, es simplemente eliminar el efecto de la inflación en las variables económicas.

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Daniel Fernández

Daniel Fernández

Daniel Fernández es el fundador de UFM Market Trends y profesor de economía en la Universidad Francisco Marroquín. Tiene un doctorado en economía aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid y también era un fellow en el Mises Institute. Tiene un máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos y un máster en Economía Aplicada por la Universidad de Alcalá en Madrid.

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2 Comentarios

  1. Eduardo Alvarez el 27 diciembre, 2021 a las 10:53 am

    Interesante artículo Daniel, siempre espero con ansias los artículos de Market Trends. Tengo una pregunta. Si trasladamos lo indicado a los países latinoamericanos, específicamente para Guatemala, la tesis sigue siendo valida?, ¿a qué le podríamos llamar pago en especie? Muchas gracias.

  2. Byron Cortez García el 27 diciembre, 2021 a las 11:52 am

    Por favor explíqueme ¿Cómo es que los socios de las grandes empresas no han dejado de vivir muy cómodamente (es más viven mejor que antes) y los trabajadores cada día viven con más apretura económica? El problema es querer cerrar los ojos a la realidad de hoy, estamos retornando a las largas jornadas de trabajo sin compensación económica por solo mantener la fuente de ingresos, es decir, la plaza de trabajo, generando mayor valor por el mismo precio y de ello ¿Quiénes se benefician?, no es lo mismo hacer diseños matemáticos, que vivir diariamente en la batalla por mantener una empleo cuando hay una sobre población que casi por nada ofrece su fuerza de trabajo, además, el punto de vista del economista Feldestein también es una teoría, y se ubica en el escenario norteamericano, será bueno ubicarlo en Latinoamérica.
    Un dicho popular dice: no es lo mismo verla venir que venir con ella….

    Saludos.

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