El autoengaño contable del lobby exportador

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Si discutimos devaluar el quetzal bajo el pretexto de la enfermedad holandesa, ¿qué podría ser mejor que una opinión de un economista holandés? Muchos economistas en Guatemala aún piensan en agregados monetarios, mientras que no tienen la más mínima idea de contabilidad. Comparan variables contables (por ejemplo, utilidades) sin saber muy bien su significado y así cometen graves errores que podrían perjudicar el futuro de todos los guatemaltecos. Veamos los mitos que están usando para pedir una devaluación al Banguat.

3 principios básicos de la contabilidad que deberíamos conocer todos

¿Cuál es la idea fundamental detrás de hacer contabilidad? Es, en una frase, descubrir si estamos generando rentas con nuestros activos sin “comer” (consumir) los activos que generan estas rentas.

En mis clases siempre doy el ejemplo del taxista. Digamos que un taxista compra un automóvil por $10,000 dólares. Ahora gana $5,000 dólares al año como taxista. El taxista, encantadísimo, va al bar más cercano y gasta todo en cigarros, alcohol y prostitutas.

¿Qué está mal?

Asumiendo que el vehículo, con un uso intenso, tiene una vida máxima de cinco años, no está teniendo en cuenta que tendrá que reemplazar el vehículo después de cinco años. Si ahora el taxista gasta todas sus rentas en consumo, sin tener en cuenta la depreciación del vehículo, no queda nada para reemplazar el vehículo después de esos cinco años. El taxista ha consumido su capital (el vehículo). Su cálculo era erróneo; asumía que su renta (sus «utilidades») era más alta que realmente era, pero en realidad estaba consumiendo su capital.

¿Qué necesitamos para hacer cálculos acertados?

  • Primero, necesitamos tener en cuenta todos los activos que usamos en generar ingresos (como en el ejemplo del taxi, el taxista no tenía en cuenta su activo más importante).
  • Segundo, necesitamos una unidad de cuenta estable. ¿Por qué estable? Digamos que con una moneda estable podemos acertar mejor el precio futuro del activo que tendremos que reemplazar. Si una moneda es muy inestable (por ejemplo, por una alta inflación), no sabemos cuál sería el precio futuro del activo y podría ser que estamos consumiendo el capital sin saberlo. Al momento de reemplazar el activo, su precio podría ser más alto que el esperado.
  • Tercero, tenemos que tener en cuenta la depreciación de los activos. Por ejemplo, si nos encontramos actualmente en Venezuela y hemos comprado un horno de pizzas hace un par de años por 10,000 bolívares venezolanos y depreciamos el horno a cinco años a costo histórico, nos encontramos con un gran problema si el precio de reemplazar el horno es de 1,000,000 de bolívares. Sin darnos cuenta, hemos consumido el capital; nuestro cálculo económico era erróneo.

El desastroso error del lobby exportador en Guatemala; una devaluación sólo falsifica el cálculo de utilidades

Un “accounting view of economics” nos permite seguir los flujos específicos que una devaluación causaría. Vamos a aplicarlo al caso en Guatemala.

El razonamiento de los defensores de una devaluación del quetzal es generalmente así:

  1. Devaluamos la moneda;
  2. Los exportadores, vendiendo sus productos en el exterior, ahora reciben la misma cantidad de dinero que antes, pero esa cantidad vale más en la moneda local;
  3. Aumenta, por ende, la rentabilidad de las empresas exportadores
  4. Las empresas exportadoras empiezan a contratar más empleados y pueden aumentar su inversión en capital fijo.

¿Cuál es el problema? ¿Por qué he acusado al lobby exportador de una ignorancia de principios básicos de la contabilidad? Veamos.

Es verdad: la rentabilidad nominal de las empresas exportadores puede aumentar. Pero son rentas ilusionarías, las cuales solo surgen a raíz de un error contable. Es decir, no son rentas reales, si no es consumo de capital, igual que el taxista de nuestro ejemplo. Es una ilusión.

¿Por qué?

Las empresas exportadoras en Guatemala usan ciertos activos para producir los bienes finales que se destina a la exportación. Pero esos activos – bienes de producción – generalmente son de importación. Ahora, ¿cuáles serían los efectos de una devaluación? A primera vista, parece que las rentas nominales están aumentando. Pero el reemplazo futuro de los bienes de producción será más costoso en el futuro. Es decir, no tienen en cuenta la depreciación real de los bienes de producción; por lo tanto, las utilidades contables son falsas.

Lo que pasa, sin embargo, es que los propios exportadores, las propias empresas, sólo se dan cuenta de sus errores después de reemplazar los bienes de producción. Es una ilusión temporal: descubren sus errores sólo al momento de reemplazar los activos que producen los bienes finales de exportación. No se dieron cuenta que una parte de las rentas no eran reales, eran consumo de capital.

No es coincidencia que en muchos casos empíricos vemos que las devaluaciones no llevan a ningún milagro económico, sino a una catástrofe económica. El fundamento de la prosperidad es la formación de capital, no el consumo de capital.

Posible crítica

Una posible crítica es que todo esto no aplica al costo laboral. A los trabajadores se paga en quetzales; una devaluación del quetzal implica un menor costo laboral en términos de moneda extranjera. Esto le afecta al trabajador, no al exportador. Además de tener problemas prácticos (aumento de competencia en el mercado laboral, tasa de rotación de empleados más alta, etc.), el peso del costo laboral comparado a los materiales importados en industrías importantes en Guatemala como la de textil es casi irrelevante.

En sectores agrícolas tiene más sentido en el corto plazo, por ejemplo en el sector de vegetales y frutas, donde el peso del costo laboral al costo total tiende a acercarse a 50%, pero a costo de competitividad futura. Ya que los salarios crecerán más rápidos que una posible devaluación sistematica, habrá un punto donde la eficiencia mecanica, electronica e innovadora le gana a la artificial supresión de salarios. Pero, para repetir lo obvio, este análisis aplica a un caso específico individual de un exportador de un cierto tipo; no estamos hablando del bienestar del país completo.

Una devaluación, además, también tiende a causar un aumento en el costo de capital, potencialmente un aumento más grande que la devaluación nominal justifica, por el riesgo país o una contracción dómestica de crédito. Otra vez queda perjudicado el exportador mismo.

La curiosa paradoja

La gran paradoja es que las empresas exportadoras, teniendo la falsa creencia de que una devaluación les beneficia, en realidad se autoperjudican. Piensan que son más rentables, pero solamente es porque sus cálculos económicos – sus libros contables – han sido falsificados por cambios en la unidad de cuenta. No tienen en cuenta cuales son las consecuencias del cambio en la unidad de cuenta para el reemplazo y depreciación de sus activos. Es un autoengaño. Ningún exportador debe estar a favor de devaluar el quetzal.

Si las empresas se dejan autoengañar, las consecuencias son nefastas: consumo de capital, pérdida de competitividad, y un ciclo de auge y declive (del cual la duración depende de la composición de los activos y rentas de las empresas involucradas).

La única excepción a esta conclusión es el caso en el cual la exportación sea de servicios que no usan ningún tipo de bienes importados en su proceso de producción. Esto no es, obviamente, el caso en Guatemala. Sería constatar lo evidente.

Los ataques al Banguat son injustos

Los defensores de una devaluación, la piden en una forma en la cual menosprecian a los gobernantes del propio Banguat y al pueblo guatemalteco que tiene gran parte de su ahorro en quetzales. Los defensores de una devaluación les representa como tontos, irresponsables e inertes.

Es una caricatura injusta. El Banguat tiene sus problemas, pero su consciente rechazo de devaluar el quetzal no es uno.

Tipos de cambio fijos son la mejor solución para Guatemala; son los que favorecen la formación de capital, la inversión y el comercio transfronterizo. Pero mientras tanto no tenemos porque quejarnos con el tipo de cambio.

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Olav Dirkmaat

Olav Dirkmaat

Olav Dirkmaat es profesor de economía en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín. Antes era vicepresidente en Nxchange y analista de metales preciosos en GoldRepublic. Es doctorando en Economía en la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid. Tiene un máster en Economía de la Escuela Austriaca de la misma universidad, y un máster en Marketing de la Vrije Universiteit en Ámsterdam. También es traductor del libro La acción humana de Ludwig von Mises al neerlandés y maneja fondos de familiares y conocidos, buscando oportunidades de inversión en mercados en niveles extremos (sobre o infravalorados).


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1 Comentario

  1. Luis Utrera el 4 octubre, 2017 a las 4:16 pm

    El razonamiento es muy lógico y merece todo respeto.
    Pero creo que no aborda el caso de los comerciantes, que compran las divisas a un precio sustancialmente bajo, con ellas importan bienes de consumo no esenciales (televisores, equipos de sonido, juguetes, etc.) y posteriormente los venden en Guatemala a precios que representan una utilidad mayor al 100 %.
    Otro caso, es el de los exportadores que aprovechan en Guatemala el bajo costo de la mano de obra, principalmente en la producción primaria, exportan materia prima, sin procesamiento o valor agregado, y el producto de las ventas se deposita en el sistema bancario de el pais de destino, sin retornar a Guatemala para ser re invertido en bienes de capital u otro destino productivo. Basicamente sistemas ancestralmente extractivos.

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