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¿Bloqueos para acabar con los ricos?

A estas alturas creo correcto suponer que cada guatemalteco conoce la dura situación que atraviesa el país, incluso aquellos que viven en lo que muchos han llamado «una burbuja de privilegio». Es justamente de estas personas de las que pretendo hablar en este artículo, de los ricos que «han empobrecido Guatemala haciendo de ella una finca» y nos han robado nuestros sueños y futuro condenándonos a una vida de pobreza.

Los ricos actúan pensando en su bienestar, ¿y quién no?

Es bien sabido que los ricos, los pobres parecen estar exentos de esto en la opinión popular, únicamente actúan pensando en su bienestar y nunca se preguntan qué es de los demás. Son tan egoístas que constantemente están buscando su propio beneficio: simplemente los mueve el ánimo de lucro. Siendo este nuestro punto de partida, y el hecho de que vivimos en una “sociedad” basada en la división del trabajo, hemos de preguntarnos ¿por qué existen los ricos?

Recordando al genial Adam Smith, tenemos que mencionar que «todo trato es: dame esto que deseo y obtendrás esto otro que deseas tú» (Smith, 2019). Nadie decide formar parte de un intercambio si no espera salir más rico de él. Cuando las personas intercambiamos una cosa por otra, no estamos intercambiando objetos o bienes del mismo valor. Deberíamos cuidarnos del fatal error de confundir precio y valor «Si lo que se da tuviera el mismo valor de lo que se recibe, no enriquecería a nadie un intercambio y, consecuentemente, no ocurriría» (Ayau, 2017). Ambas personas que forman parte de un intercambio salen de él mucho más ricas de lo que entraron.

La única forma de enriquecerse en un mercado es enriquecer a los demás

¿Qué tiene que ver esto con los ricos? Para responder a esta cuestión primero debemos preguntarnos: ¿por qué es tan generalizado el odio y repudio hacia los ricos? Me atrevería a decir que es debido a una mala percepción del funcionamiento de la economía. Bajo condiciones de libre mercado, la economía no es un juego de suma cero donde lo que gana uno es igual a lo que pierde el otro. En lo que Mises denominó «la economía de giro uniforme», tanto oferente como demandante salen más ricos del intercambio.

Después de tanto preámbulo presento mi punto: la única forma de volverse rico es, paradójicamente, enriqueciendo a los demás. Jeff Bezos y Bill Gates fácilmente aparecerán en las listas de personas más ricas del mundo, cualesquiera que veamos, pero ¿somos acaso más pobres porque ellos son más ricos? ¡Todo lo contrario! Justamente son ricos porque hacen de nuestra vida algo mucho más fácil y placentero.

«No es la benevolencia del carnicero, el cervecero, o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio. No nos dirigimos a su humanidad sino a su propio interés, y jamás le hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas» (Smith, 2019). Las personas inherentemente actuamos para reducir nuestro grado de insatisfacción, ¿es eso malvado? ciertamente no, pero ¿que busquemos nuestro mejor interés implica un ataque en contra de los fines de “la sociedad”? Bueno, si tal cosa como “la sociedad” o “el pueblo” existieran, la respuesta es un rotundo “no”. Los individuos «al perseguir su propio interés frecuentemente fomentarán el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentasen fomentarlo. Nunca he visto muchas cosas buenas hechas por los que pretenden actúan en el bien del pueblo» (Smith, 2019).

La mano invisible y el bienestar ajeno

De lo que hablo no es nada más que de la famosa «mano invisible» de Adam Smith. Cuando los individuos libremente orientamos nuestra actividad hacia aquello que nos traerá mayor beneficio estaremos fomentando un objetivo, el bienestar de los demás, que ciertamente no entraba en nuestro propósito, pero la historia ha demostrado que justamente así sucede.

«Lo que más se critica de nuestro ordenamiento social es la desigualdad en la distribución de la riqueza y de la renta» (Mises & León Barbero, 2011), pero este es un enfoque equivocado, no nos interesa eliminar la desigualdad, somos naturalmente desiguales, ¡nos interesa minimizar la pobreza! Y en esto el liberalismo es experto. Tanto así que «el lujo de hoy es la necesidad del mañana» (Mises & León Barbero, 2011)

¿Cuántas personas podían tener un teléfono celular en Guatemala el año 1995, antes de la privatización de las telecomunicaciones?, ¿cuántas personas pueden tener un teléfono celular hoy, después de la privatización? Ciertamente Carlos Slim se hizo muy rico, cabe preguntarse ¿y qué hay de nosotros? Por supuesto que nuestro nivel de vida mejoró. Él mantendrá esta posición en cuanto continue ofreciendo a la “sociedad” un servicio que valora. Es preciso mencionar que nuestro bienestar sería aún mayor si hubiere aún más competencia en este mercado.

Bloqueos para acabar con los ricos

Pasando entonces a la situación actual, en los bloqueos se alega que se busca afectar a las grandes empresas, pero después de todo lo que ya se ha mencionado ¿qué opina el lector?

Afectar a las grandes empresas es un sinónimo de afectar al consumidor. Tal y como expresó Smith hace tantos años, el fin de toda producción es el consumo. De forma similar, Menger expresó que nadie emplea trabajo y fruto del trabajo en algo que no espera que se convierta en un bien económico y pueda ofrecer a los demás.

Cualquier empresa actual, elija el lector la empresa que desee, existe porque está ofreciendo a la sociedad, a los individuos, algo que valoran. Las empresas existen justamente porque incrementan nuestro bienestar[1].

Ciertamente los bloqueos, que son de todo menos pacíficos, están generando pérdidas millonarias a las compañías que actualmente operan en Guatemala ¿Qué ocurriría si esas empresas decidieran irse de Guatemala? Después de todo, si la situación de bloqueos continúa (o se espera que se repita en el futuro), pueden hacerlo. La potencial huida de empresas castigaría duramente la creación de riqueza, el empleo y el nivel de bienestar en Guatemala.

Estamos disparando en nuestro propio pie, escupiendo hacia arriba, pisando nuestra propia cola y todas esas frases ingeniosas que nos llevan a la misma conclusión: el más afectado siempre será el ciudadano de a pie.

Conclusión

No está de más recordar que el socialismo, en todas sus formas y sabores, ha fracasado una y mil veces a lo largo de la historia. No pensemos que será diferente al intentar aplicarlo en Guatemala. El autor de estas líneas teme por lo que el futuro pueda depararnos si continuamos creyendo que los ricos, y las grandes empresas, son el enemigo. Tanto las personas ricas como las grandes empresas cumplen una función esencial en nuestra sociedad, entendida como un conjunto de individuos actuando libremente.

Cuánta razón tenía Mises cuando nos dijo que el primer deber de un ciudadano es educarse a sí mismo para tratar asuntos cívicos.

 

Aviso legal: el análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.

[1] Esta afirmación supone la existencia de un mercado con cierto grado de libertad, por lo tanto, dejamos fuera aquellas compañías que poseen monopolios otorgados por el gobierno. Como liberal repudio completamente este tipo de situaciones ya que ciertamente afectan el bienestar del consumidor, es por esta razón que abogo por la reducción del Estado lo máximo posible y lograr de esta forma que ningún empresario mercantilista pueda comprar, por más que lo desee, un favor que un político no tiene para ofrecer.

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Wilder Villeda

Wilder Villeda

Wilder Villeda es estudiante de economía con especialidad en finanzas en la Universidad Francisco Marroquín. Es miembro del programa ITA y fue galardonado con el premio Manuel. F Ayau Scholar en el año 2021. Ha participado en diversos seminarios internacionales entre los que destaca el Seminario en Capitalismo y Libertad en CAPITAF.

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